Chichén Itzá: La invasión perpetua PDF Imprimir E-mail

 

Zona Arqueológica de Chichén Itzá1

“Es pues Chichenizá un asiento muy bueno a diez leguas de Izamal y once de Valladolid, en la cual, según dicen los antiguos indios, reinaron tres señores hermanos los cuales, según se acuerdan haber oído de sus pasados, vinieron a aquella tierra de la parte del poniente y juntaron en estos asientos gran población de pueblos y gentes, la cual rigieron algunos años en mucha paz y justicia. Eran muy honradores de su dios y así edificaron muchos edificios y muy galanos, en especial uno, el mayor. [...] Este edificio tiene cuatro escaleras que miran a las cuatro partes del mundo, de treinta y dos pies de ancho y de noventa y un escalones cada una [...]. Cada escalera tiene dos pasamanos bajos, al igual de los escalones, de dos pies de ancho, de buena cantería como lo es todo el edificio. [...] Había, cuando yo le vi, al pie de cada pasamano, una fiera (con) boca de sierpe de una pieza bien curiosamente labrada. [...] Tenía delante la escalera del norte, algo aparte, dos teatros de cantería, pequeños, de cuatro escaleras, enlosados por arriba, en que dicen representaban las farsas y comedias para solaz del pueblo2”.

La Zona Arqueológica de Chichén Itzá se localiza en la porción centro norte de las tierras bajas de la península de Yucatán, a 120 kilómetros de la ciudad de Mérida, en el poblado de Piste, municipio de Tinum, Yucatán. Su nombre proviene de la lengua maya-yucateca y significa: “al borde del pozo de los brujos del agua”. Chichén Itzá fue una eminente ciudad maya cuyo desarrollo abarcó los siglos VIII y XIII de nuestra era. Tradicionalmente se consideraba que surgió como una importante capital mesoamericana entre 900 y 1200 d.C. cuando grupos toltecas llegaron al sitio, lo conquistaron y se establecieron en él, coexistiendo con la población original; sin embargo recientes investigaciones reconocen que fue entre 700 y 1050 d.C. que Chichén Itzá destacó como capital regional, experimentando transformaciones graduales hasta alcanzar un estatus hegemónico.

La arquitectura de la ciudad posee una influencia de las ciudades mayas del sur, la cual más tarde fusionó elementos culturales del altiplano central, similares a los de la ciudad tolteca de Tula, en el actual estado de Hidalgo. Algunos ejemplos son las esculturas de Chac Mool y de los Atlantes, así como el culto a la serpiente emplumada, Kukulcán, y al dios de las tormentas, Chac.

Chichén Itzá es ampliamente conocida por efecto de sombras que puede observarse en el edificio conocido como El Castillo durante el inicio de cada  equinoccio. De manera general, el sol conforme asciende sobre el horizonte va iluminando la alfarda poniente del basamento, creando triángulos de luz y sombra que descienden hasta una cabeza de serpiente ubicada en el desplante de la alfarda.

 

Ubicación de la zona arqueológica


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Arquitectura

Arquitectura3

Mapa de la Zona Arqueológica de Chichén ItzáEn Chichen Itzá están presentes dos tradiciones arquitectónicas bien diferenciadas que, sin lugar a dudas, reflejan la historia cultural de la ciudad. Por un lado se observa el estilo Puuc, el cual se caracteriza por edificios con cuartos abovedados y ordenados en hileras, cresterías decoradas, mascarones de Chac y celosías con representaciones abstractas de serpientes. Por el otro lado, el estilo tolteca contempla, entre otras cosas, estructuras escalonadas, columnas y pórticos como antesala de las habitaciones, edificios con esquinas redondeadas, relieves decorativos, naturalistas o simbólicos, con serpientes emplumadas, jaguares, gobernantes y guerreros; así como esculturas de Chac Mool en las entradas de los templos, atlantes sosteniendo bancas y techos.

La ciudad estaba conformada por conjuntos arquitectónicos comunicados entre sí por sacbés o calzadas, tomando El Castillo como eje del sitio. Sin embargo, se puede apreciar que, en épocas más tempranas, el núcleo urbano estaba en el conjunto que hoy conocemos como el Grupo de Las Monjas. Fue posteriormente que, en un amplio espacio aledaño a aquel primer centro de la ciudad, se llevaron a cabo grandes trabajos de nivelación del terreno y se levantaron las construcciones que a la larga serían las más importantes. Este espacio es conocido actualmente como la Gran Nivelación e incluye algunos edificios como: El Castillo, El Gran Juego de Pelota, El Tzompantli, el Templo de los Guerreros, las Mil Columnas, entre otros. Fuera de este conjunto principal, encontramos otros grupos menos monumentales pero con los componentes arquitectónicos característicos de Chichén Itzá, dentro de los cuales se puede incluir el grupo de la Serie Inicial, el Grupo de las Monjas, entre otros.

Otra de las características de la zona arqueológica son los cenotes, profundos pozos naturales que los mayas asociaban al inframundo. Sobresalen el Cenote de Xtoloc, situado en la porción sur de la Gran Nivelación, y el Cenote Sagrado. Este último se ubica al norte de El Castillo, y es uno de los más representativos en toda el área maya. A lo largo del tiempo, mediante exploraciones arqueológicas, se ha recuperado una gran cantidad de objetos y restos humanos de su interior. Se sabe que una vez que Chichén dejó de ser la gran capital regional y se volvió un centro de peregrinaje, diversos viajeros acudían a depositar ofrendas a este cenote.

 
Exploraciones

Exploraciones

El militar y explorador español Francisco de Montejo, en 1528, intentó utilizar los edificios de esta antigua ciudad maya como cuartel, pero sus planes fueron frustrados por los pobladores.
En 1566 Fray Diego de Landa, que fue obispo de Mérida, en su Relación de las cosas de Yucatán, hace mención de Chichén Itzá y describe el edificio hoy conocido como El Castillo.

En 1842 John Lloyd Stephens y el dibujante Frederick Catherwood estuvieron en el sitio durante dos semanas, durante las cuales describieron muchos de los edificios e hicieron sus dibujos, junto a este trabajo hicieron el primer croquis del sitio.

Para 1859, el explorador y fotógrafo francés Désiré Charnay visita Chichén Itzá. Para poder llevar a cabo su exploración fue necesario que una escolta militar lo acompañara pues la península de Yucatán se encontraba inmersa en la Guerra de Castas (1846-1900). Charnay logró capturar con su cámara diversos edificios de la antigua ciudad maya.

Entre 1875-1876, el fotógrafo, anticuario y arqueólogo aficionado, Augustus Le Plongeon hizo exploraciones en el sitio. En sus excavaciones descubrió una escultura y una ofrenda de puntas de flecha. A él se le atribuye el haber aplicado el nombre arbitrario de Chac Mool a este tipo de esculturas antropomorfas, cuya particularidad es su postura recostada, con las piernas flexionadas, tan común en muchas ciudades mesoamericanas. El plan original de Le Plongeon era enviar la estatua la ciudad de Filadelfia para mostrarla en la Exhibición del Centenario Americano, pero no lo permitió el gobierno mexicano, encabezado por el presidente Lerdo de Tejada, con base en la Ley de 1827 que prohibía la exportación de objetos arqueológicos. Aquel descubrimiento sirvió a Le Plongeon para hacer una interpretación totalmente fantasiosa sobre el supuesto mausoleo de un príncipe asesinado por su propio hermano y la prueba de ello eran las puntas de pedernal encontradas en la ofrenda debajo de la escultura, ya que ésta tenía tres profundos agujeros en la espalda, heridas causadas por tres armas. Hasta la fecha, los arqueólogos siguen utilizando el nombre Chac Mool, sin raíz en la designación maya, para estas formas escultóricas.

En 1880 Désiré Charnay visitó por tercera vez Chichén. En esta ocasión sus trabajos se enfocaron en la calca de diversos bajorrelieves y esculturas. Estas réplicas fueron transportadas, a hombro, fuera de la selva con rumbo hacia el Museo de Historia Natural de Nueva York, donde fueron exhibidas en la Sala de las Estelas. Desafortunadamente hoy en día existen muy pocos ejemplares de estas réplicas, ya que muchas fueron destruidas cuando se desmanteló la exposición.

Poco después, el excéntrico Augustus Le Plongeon y su esposa Alice regresaron a Chichén Itzá, ahora para explorar la Plataforma de Venus, nombrada por ellos el Mausoleo del sacerdote Cay, basándose en las figuras de peces que aparecen esculpidas en las esquinas del edificio, pues el nombre Cay significa pez en maya. Encontraron una escultura antropomorfa y una olla con tapa… Según ellos, era la Olla de agua de unos antiguos habitantes enanos de la isla de Cozumel, haciendo alusión a los alushes, cierta especie de entidades mayas, parecidas a los duendes. Siempre con información distorsionada y conclusiones delirantes, la pareja difundió la teoría de que los mayas eran ¡una tribu perdida de Egipto!  A pesar de todo esto, hicieron un aporte documental a los posteriores estudios mayas: fotografías, notas de campo y colecciones.

Durante la década de los 80s del siglo XIX, Alfred P. Maudslay  exploró durante cinco meses Chichén Itzá. Realizó un plano completo de la parte central del sitio ubicando los edificios principales: El Grupo de las Monjas, El Caracol, y el Gran Juego de Pelota, durante ese tiempo Maudslay.

En 1895 Teobert Maler (¿?) explora Chichén Itzá. Realizó un registro fotográfico de diversos edificios, los describe y lleva acabo un croquis de la antigua ciudad. Maler fue contratado por el Peabody Museum para emprender estos estudios, durante diez años sus reportes y fotografías aparecieron en las Peabody Memoir.


Entre 1904 y 1911 Edward H. Thompson, primer cónsul de Estados Unidos en Yucatán, fue propietario de una hacienda cuyos terrenos colindaban directamente con las ruinas de Chichén Itzá. En esos años se explora el Cenote Sagrado, para lo cual  se utilizó una draga, pues la poca visibilidad impedía bucear con escafandra. Entre los objetos recuperados por Thompson se encuentran materiales únicos en el área maya: piezas de jade, oro, cobre, obsidiana, masas de copal, 119 esqueletos e incluso trozos de textiles. El hecho de haber sacado del país las piezas prehispánicas hizo que el gobierno de México demandara a Thompson años mas tarde. Esto fue conocido como el “caso Thompson”. Este episodio contribuyó a sentar los precedentes para desarrollar una legislación de protección del patrimonio arqueológico en nuestro país.

En 1913 Sylvanus G. Morley logra convencer a la Institución Carnegie de Washington para financiar un gran proyecto arqueológico en Chichén Itzá, en el cual se llevaría a cabo la cartografía de la antigua ciudad y la restauración de varios de sus edificios, sin embrago, la revolución mexicana y la inestabilidad de los gobiernos impidieron el desarrollo del proyecto, el cual daría inicio hasta 1924.

Hacia 1921 por instrucciones del presidente Álvaro Obregón, Manuel Gamio y Miguel Ángel Fernández realizan un viaje a Chichén Itzá con la intención de organizar los futuros trabajos de Chichén Itzá. El interés principal para el inicio de estos trabajos constituía un hecho eminentemente político, planteado como el elemento preliminar para el acercamiento con el gobierno de los Estados Unidos, a fin de lograr el reconocimiento político del gobierno revolucionario de Obregón.

Entre 1922 y 1923 Miguel Ángel Fernández es comisionado para efectuar exploraciones en el Juego de Pelota y hacer los dibujos de los relieves y las pinturas murales del mismo. Durante este tiempo hizo exploraciones y trabajos de restauración en el edificio norte del Juego de Pelota, sobre todo el que limita el gran patio al norte, reincorporando las columnas de la fachada, limpiando y dibujando varios de los relieves del edificio. Dibujó además los relieves del templo de los Jaguares, muchos de los cuales fueron incluidos en el libro Arquitectura prehispánica de Ignacio Marquina.

Para 1923 se firmó un convenio de colaboración entre el Gobierno Mexicano y la Institución Carnegie de Washington para trabajar en Chichén Itzá. El proyecto dio inicio en 1924 y produjo un mapa detallado del centro del sitio y de la porción sur, además de consolidar y reconstruir estructuras tales como el Templo de los Guerreros, el Caracol y el templo de las Columnas.

El 22 de febrero de 1927 inició la exploración del edificio llamado El Castillo, las excavaciones estuvieron a cargo de Eduardo Martínez Cantón y de José Erosa Peniche, el primero de ellos inspector de monumentos arqueológicos de Yucatán, el segundo inspector auxiliar y responsable de los trabajos en campo. Se intervinieron los lados norte y este de los cuerpos del basamento, así como las escalinatas. Respecto a esta última las actividades se concentraron en corregir lo concerniente al número de escalones pues se tenía noticia de una primera intervención que no tomó en cuenta la información de Diego de Landa sobre el número de peldaños que debían ser 91 en cada lado y en total tomando en cuenta los cuatro lados 364, añadiendo la base sobre la que se desplanta el templo superior resultan ser en total 365. Este hecho ha llevado a varios investigadores a cuestionar una parte del valor calendárico del edificio, sugiriendo que las coincidencias se deben más a la mano del restaurador que a la del constructor original.

En 1931 y 1932 José Erosa Peniche exploró el interior de El Castillo. En el lado sur, al centro del edificio, sobre la escalinata excavó un túnel, encontrando los restos una subestructura que contenía una escalinata que conducía a dos cuartos abovedados en la parte superior del edificio, ahí descubrió una escultura de Chac Mool y un jaguar con incrustaciones de jade. Durante las exploraciones, lograron recuperar al pie de la escalinata una ofrenda compuesta por dos discos de madera con mosaicos de jade, coral y concha con cuatro diseños de serpientes, había además dos cuchillos de pedernal, así como algunas piezas y cuentas de jade. Durante las exploraciones el arquitecto Ignacio Marquina colaboró activamente.

En el año de 1946 Tatiana Proskouriakoff publica An Album of Maya Architecture, obra reconocida por la gran calidad de los dibujos de reconstrucciones hipotéticas de edificios mayas. En este escrito Proskouriakoff señala que Quetzalcóatl-Kukulcán fue una divinidad que recibió especial atención en la escultura e imaginería del centro urbano. Considera a Chichén Itzá como un sitio bélico a diferencia de los sitios del Clásico, caracterizados por un sentimiento de paz. Ese mismo año Sylvanus Morley publica la obra intitulada La civilización Maya, en la cual plasma los resultados de sus investigaciones en el área maya, específicamente sobre Chichén Itzá considera que todas las características mexicanas de Chichén Itzá aparecen en Yucatán como innovaciones posclásicas, muchas de ellas siendo casi duplicados de Tula o de otros sitios del centro de México.

Para 1951, siendo subdirector de Monumentos Prehispánicos, Jorge Acosta junto con los entonces estudiantes de arqueología Ponciano Salazar y Amália Cardós, llevaron a cabo la exploración y restauración del Tzompantli. Los trabajos permitieron liberar el basamento en el cual se encontraron diversos relieves con diseños de cráneos, guerreros decapitados, flechas y águilas cargando corazones en las garras. Exploró también el Templo de las Águilas y Jaguares, liberando los relieves que la decoran, así cómo las cabezas de serpiente que decoran las esquinas y las alfardas.

En el homenaje a Alfonso Caso, el arqueólogo Alberto Ruz Lhuilhier publica el artículo: Chichén Itzá y Palenque, ciudades fortificadas. En el aborda diversos aspectos sobre la arquitectura de ambas ciudades, incluyendo lo concerniente a la muralla de la Gran Nivelación de Chichén Itzá. Las conclusiones apuntan a que la muralla estaba provista de puertas por las que cruzaban calzadas que conducían a otras estructuras y cenotes, orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. En este mismo año Ignacio Marquina publica el libro: Arquitectura Prehispánica, dónde incluye una gran información sobre los edificios de la gran nivelación, comparando este espacio con otros similares de otras ciudades mesoamericanas.

Para 1954 EricThompson publica: Grandeza y Decadencia de los Mayas. En este texto se postula que Chichén Itzá fue invadida por los toltecas, siendo esta ciudad y Tula las dos ciudades mesoamericanos con más elementos similares en Mesoamerica. Utilizando las fuentes históricas propone que una avanzada tolteca estuvo en Chichén Itzá entre 967 al 987 d.C. Tres años más tarde el Peabody Museum publica la obra póstuma de Alfred Tozzer: Chichen Itza and its Cenote of Sacrifice.

En 1961 el INAH lleva a cabo exploraciones en el Cenote Sagrado, la exploración estuvo dirigida por William Folan. Los trabajos requirieron el uso de un propulsor de aire el cual inyectaba aire a presión a través de una manguera lo que producía un efecto de succión. Desafortunadamente esta técnica no resulto ser muy práctica pues el uso de propulsión de aire a gran presión arrojaba los artefactos arqueológicos, lo cuales caían de nuevo al cenote, siendo además las piedras y sedimentos una gran problemática para el funcionamiento del propulsor. A pesar de las vicisitudes tecnológicas se lograron recuperar diversos artefactos arqueológicos como vasijas, nódulos de incienso, piezas de jade, restos de textil, objetos de madera entre otros.

George Kubler publica el artículo Chichén Itzá y Tula, considera que Tula más bien fue una colonia de Chichén Itzá en el altiplano mexicano y no al revés, pues durante las excavaciones en Tula no se identifico nada que correspondiera a los primeros periodos del “arte” tolteca en Chichén Itzá.

Entre 1967 y 1968 el INAH junto con The National Geographic Society y el Club de Exploraciones y Deportes Acuáticos de México (CEDAM), retoman las investigaciones en el Cenote Sagrado de Chichén Itzá. Las exploraciones estuvieron dirigidas por el Dr. Román Piña Chán. El procedimiento fue bombear el agua del cenote y aclararla con productos químicos. El agua que se extraía pasaba por una malla donde quedaban las piezas succionadas y en las partes del fondo que quedaron al descubierto se hicieron excavaciones en seco. De estos trabajos se recuperaron alrededor de cien vasijas, artefactos de oro, pedernal, jade, cristal de roca, obsidiana, además de fragmentos de textiles, copal, hule, corales, conchas, ámbar, cuarzo, pirita, ónix, huesos humanos y de animales. El estudio de los huesos mostró que las mujeres no eran la mayoría de las personas sacrificadas.

Para 1972 Román Piña Chán publica su tesis de doctorado: #Historia, Arqueología y Arte Prehispánico#; en este escrito el doctor Piña Chan postula que si ocurrió una invasión fue en un sentido contrario al propuesto, es decir de Chichén Itzá hacia Tula.

En 1978 se consolidan las fachadas sur y este del Castillo, además se lleva a cabo la delimitación perimetral de la zona arqueológica con la intención de proteger legal y jurídicamente sus monumentos arqueológicos, en total 1547 hectáreas fueron incluidas en el perímetro de protección. Los trabajos estuvieron a cargo del arqueólogo Peter J. Schmidt, quién identificó nuevos grupos arquitectónicos de los cuales sólo se tenía un conocimiento parcial de su existencia.

Durante 1988 Chichén Itzá recibe la declaratoria de Patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO.

Entre 1990 y 1991 se inicia un nuevo proyecto arqueológico encabezado por Agustín Peña Castillo. Entre los trabajos se destacan la restauración de la mayor parte del conjunto occidental de las Columnas, así como una considerable área de el Mercado. Posteriormente, entre 1992 y 1994, se desarrolla el Proyecto Arqueológico Especial de Chichén Itzá dirigido por Peter J. Schmidt. El objetivo central de este proyecto, entre otros, fue la ampliación del plano de Chichén Itzá como una necesidad inherente debido al proceso de cambio que comenzó a darse en la región como consecuencia del desarrollo turístico. Se exploraron y restauraron importantes conjuntos como el Osario y el Grupo de la Serie Inicial.

En 2003 el arqueólogo Rafael Cobos postula en su tesis de doctorado, The Settlement Patterns of Chichen Itza, Yucatán, México; a través del análisis del patrón de asentamiento, arquitectura, sistema de calzadas y cerámica, que hacia el 900 d.C. la Gran Nivelación conformó el área central de la antigua ciudad y que funcionó como un conjunto de poder económico, político y ritual, asociada a Kukulcán. Para 2009 Rafael Cobos, realizó exploraciones en la Gran Nivelación entre el Castillo y el Templo de los Guerreros, identificando una subestructura correspondiente a los primeros años de la ciudad, previa a la construcción de El Castillo y de la Gran Nivelación en conjunto. Para 2010 se interviene la muralla perimetral de la Gran Nivelación, las hipótesis apuntan a que esta fue desmantelada para la construcción del Gran Juego de Pelota, representando así la última gran construcción de Chichén Itzá.

 

 
Arqueólogos

Los Arqueólogos


Rafael Cobos*
Es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y doctor en antropología por la Universidad de Tulane, Estados Unidos. Sus intereses de investigación se han enfocado en asentamientos del período Clásico de Belice, El Salvador y la Península de Yucatán en donde ha estudiado temáticas relacionadas con la complejidad social, urbanismo y ciudades, comercio e intercambio, especialización económica. Cobos ha efectuado reconocimientos, mapeos, excavaciones y análisis de datos de numerosos comunidades prehispánicas las cuales incluyen Tihó, Isla Cerritos, Chichén Itzá, Yaxuná, Cozumel, Xelhá, Sihó y Uaymil en México, Caracol en Belice y San Andrés en El Salvador. Los numerosos libros y artículos que ha publicado se enfocan al estudio de la arqueología de las tierras bajas Mayas del Norte.

*Fuente: Facultad de Antropología, Universidad Autónoma de Yucatán


José Huchim
Arqueólogo y Maestro en Arquitectura por la Universidad Autónoma de Yucatán. Desde 1985 es Investigador del Instituto Nacional de Antropología y Director del Proyecto Uxmal desde 1992. Es miembro del Consejo de Arqueología, Codirector del Proyecto Tradiciones del Sol; que involucra a la NASA, Universidad de Berkeley y al INAH. Desde 2009 es director de la zona arqueológica de Uxmal y la Ruta Puuc y desde 2010 es coordinador de proyectos arqueológicos de Chichén Itzá. Es profesor de arquitectura prehispánica en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán. Ha publicado diversos artículos publicados en medios académicos y dictado conferencias en foros nacionales e internacionales. Ha participado en innumerables Proyectos Arqueológicos para realizar excavaciones, conservación arquitectónica e investigación en la Región Puuc de Yucatán, así como diversos Salvamentos Arqueológicos en el sur del estado de Yucatán.


Luis Alberto Martos
Arqueólogo y doctor en Antropología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia en la línea de Antropología Simbólica. Es Investigador de la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH. Ha participado en numerosos proyectos de arqueología nacionales y en el extranjero, en salvamentos arqueológicos, de arqueología histórica, subacuática, arqueología de cavernas, así como exploración y restauración de monumentos arqueológicos.

Dirigió el Proyecto CALICA en Quintana Roo (1990-2011), Fortín de Yokob, Quintana Roo, (1998). Cueva de Chanchen, Yucatán. (2002), Cueva de Puyil, Tabasco (2007). Desde 2003 es director del Proyecto Arqueológico Plan de Ayutla, Chiapas y desde abril de 2011 es director del Proyecto Arqueológico Ex convento de Nuestra Señora de La Merced en la ciudad de México. A nivel internacional llevo a cabo trabajos de restauración y conservación en el “Proyecto Arqueológico El Pilar, Belice”, Proyecto de Salvamento Arqueológico “Finca Rosita”, Santa Ana, El Salvador. Proyecto de restauración en la Kallanka de “Potrero de Payogasta”, Provincia de Salta, Argentina, entre otros.

Fue Subdirector de Investigación en el Museo Nacional de Antropología en 2001 y Director de Estudios Arqueológicos del INAH de 2004 a 2010. Cuenta con una gran cantidad de publicaciones, tanto nacionales como extranjeras dónde se pueden citar: Dos mercados en la historia de la ciudad de México: El Volador y La Merced; Por las tierras mayas de oriente. Arqueología en el área de CALICA, Quintana Roo. México. Yucatán, Arqueología, arte, tradición; así como una novela histórica infantil: Chan Holkanoob. Pequeños valientes.

 

 
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Bibliografía

Referencias bibliográficas

Cano, Olga
2002 Guía de viajeros: Chichén Itzá, Yucatán. En: Revista Arqueología Mexicana. No. 53 la Serpiente emplumada pp 80-87. Vol. IX

Cobos, Rafael
2001 El Centro de Yucatán: de área periférica a la integración de la comunidad urbana en Chichén Itzá. En Reconstruyendo la ciudad maya: el urbanismo en las sociedades antiguas, Eds. A. Ciudad, M.J. Iglesias y M.C. Martínez, pp. 253-276. Sociedad Española de Estudios Mayas 6. Madrid.
2003 The Settlement Patterns of Chichén Itzá, Yucatán, México. Ph.D. Dissertation. Department of Anthropology. Tulane University. Nueva Orleans.
2012 Chichén Itzá. En: Diálogos con el pasado, recuento. Pp. 239-250. INAH, México.

Charnay, Désiré
1884 Mis descubrimientos en México y en la América Central, América pintoresca. Descripción de viajes al nuevo continente por los más modernos exploradores, Carlos Wiener, Doctor Crevaux, D. Charnay, etc., pp. 265-470. Barcelona: Montaner y Simon Editores.

Desmond, Lawrence G. y Phyllis Mauch Messenger
1988 A Dream of Maya: Augustus and Alice Le Plongeon in Nineteenth Century Yucatán. Albuquerque: University of New Mexico Press.

García Moll, Roberto y Rafael Cobos
2009 Chichén Itzá: patrimonio de la humanidad. Grupo Azabache.

Landa, Diego de
2011 [1566] Relación de las cosas de Yucatán. Red ediciones.
http://www.wayeb.org/download/resources/landa.pdf

Lloyd Stephens, John
2003 [1843] Viaje a Yucatán 1841-1842. FCE.

Piña Chán, Román
1970    Informe Preliminar de la Reciente Exploración del Cenote Sagrado de Chichén Itzá. En: Serie de Investigaciones, nº 24. México: INAH,.
1980 Chichén Itzá: la ciudad de los brujos del agua. México: Fondo de Cultura Económica.

Sellen, Adam y Lynneth S. Lowe
2009  Las antiguas colecciones arqueológicas de Yucatán en el Museo Americano de Historia Natural. En: estudios de cultura maya XXXIII. Centro de estudios mayas, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, México

 
Fotos

 

Última actualización el Jueves, 14 de Mayo de 2015 15:11